YALMAR
Para los YALMAR, el vino era como el eco de una travesía: ligero, salino y lleno de movimiento. Preferían vinos que fluyeran sin esfuerzo, con acidez viva y aromas que recuerdan a fruta fresca, brisa y piedra volcánica. Blancos luminosos, tintos ágiles y burbujas delicadas acompañaban sus reuniones frente al mar.
OUZALIM
Entre los OUZALIM, el vino ocupaba un lugar casi ceremonial. Les atraían los vinos con carácter, con capas que se revelan poco a poco, como historias contadas al calor de las brasas. Tintos profundos, blancos con textura, rosados intensos: todos con aromas especiados, fruta madura y ecos de hierbas secas. No bebían deprisa; dejaban que el vino hablara despacio.
VALMYRA
Los VALMYRA veían el vino como un acto de precisión y equilibrio. Elegían botellas que expresaran el lugar con claridad, sin artificios ni excesos. Blancos tensos y transparentes, tintos finos con estructura elegante y algunos vinos singulares que aparecen como gestos medidos. Cada copa debía acompañar sin imponerse, dialogar con el plato y la mesa.